- ¡Sí! efectivamente, todo bello y precioso, me siento espectacular y tengo full expectativas.
- ¡Ah! entonces, si midiéramos eso, ¿podríamos decir que tu "índice de bienestar" está al 100%?
- ¡Eh! ¡qué cosas tan raras dices!, pero sí, se podría decir eso... que mi bienestar está al 100%.
- Y si las cosas se empiezan a deteriorar, ¿cuánto aguantas porcentualmente? es decir, ¿cuánto admitirías que baje ese 100%?
- Bueh... supongo que máximo un 20%, porque de allí para abajo la relación se vuelve un infierno y ya no es lo que yo quería, es decir, hablando como tú toda técnica, "ya no satisface mis expectativas".
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Eso es lo que suele pasar en la mayoría de las relaciones, uno empieza excelente y se fija inconscientemente unas medidas de bienestar mínimo, por debajo del cual ya estaría dispuesta a "mandar pa'l coño" a la pareja por no dar la talla.
- "Por debajo del 80% ya no me sirve y le corto las patas, no es lo que yo buscaba, se transformó en algo mediocre"
Ahora, ¿qué pasa en el camino? ¿por qué vemos tantas parejas pisoteadas y con cero autoestima remanente?
Sucede algo vulgarmente llamado "Efecto Acostumbramiento", es decir, pasa el tiempo y vas admitiendo menores niveles de rendimiento, peor desempeño, etc., simplemente porque te acostumbras y entonces...
... empiezas a mover hacia abajo los límites iniciales que habías planteado recién empatado. Entonces, tu 100% inicial ya no es el punto de partida para cuantificar, y el 80% lo bajas paulatinamente a menores niveles... 60%; 50%; 45%...
- ¡No vale, eso no me pasaría a mí! Estás como loca, yo estoy extremadamente clara de lo que me voy a calar y lo que NO me voy a calar...
- ¿Has oído de la paradoja de la rana hervida?
- ¡Coño Monique! ¿con qué me vas a salir ahora? ¡Tus amigos Biólogos te están tostando el cerebro! - No, para nada, la paradoja de la rana hervida se aplica en muy diversos ámbitos, especialmente el gerencial cuando se abordan temas de Recursos Humanos, ¡Párame bolas!...
La Paradoja de la Rana Hervida
Figúrate lo siguiente: tú tienes dos ranas y dos ollas con agua. Una la pusiste al fuego hace 20 minutos, y ya está burbujeando; la otra la acabas de poner y el agua está fría.
Agarramos la primera rana y la lanzamos al agua hirviendo... ¡Zas! brinca rapidísimo de la olla pa' fuera y se salva...
Ahora, la otra rana, la metemos en el agua cómodamente fría, pero ésta se empieza a calentar, y la pobre rana, por efecto acostumbramiento no se entera de la subida de temperatura hasta que está cocinada... triste final.
... El hombre es un animal de costumbre... y la mujer también... los dos en fin...
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- Muy dramático todo lo que me dices, ¡descubriste el agua tibia! ¿y a dónde quieres llegar con todo esto?
- Bueno, resulta que, cuando ya has bajado muchísimo tu "Índice de bienestar", digamos a un 48%, llega un momento en que te arrechas y dices "ya está bueno, yo no me voy a estar calando estas vainas de nadie, y menos de mi pareja, si mi índice de bienestar baja a 40%, entonces le corto las patas".
- ¡Muy bien pensado vale! ¡Uno no está para andarse calando vainas de la gente que supuestamente te quiere y lo que hace a la final es deprimirte y herirte! ¡Hay que ponerse límites!.
- Cierto, y justamente esa decisión es la maléfica causa de tantas parejas destructivas, con patrones sado-masoquistas.
- ¿Cómo va a ser, si acabamos de ver que esta gente decide ponerle un parado a las cosas? ¿no es lo que hay que hacer, pues?
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El problema es que muchas veces fijamos como límite inferior un nivel de bienestar que sabemos que la otra persona no se atreverá a pisotear, digamos un 40%. "Si este pendejo me hace bajar a menos de 40% terminamos". ..
Sin embargo, muchas veces ese 40% nunca llega, y nos quedamos viviendo un infierno al 41%, donde no estamos para nada felices, ni nos sentimos bien, ni somos mejores personas, ni contribuímos a que nuestra pareja sea mejor persona, pero como no hemos bajado el 1% que falta para llegar a 40%, nos quedamos sin hacer nada, cobardemente.
Estamos "reptando" en una relación de pareja que es solamente un 41% de lo que inicialmente era, y no nos atrevemos a cortar, a terminar esa relación patológica, porque "no hemos llegado a estar en 40%".
Resultado: somos muy infelices, estamos detenidos en el tiempo, la relación es muy destructiva, pero no nos vamos porque no hemos cruzado el límite... tal vez nunca lo crucemos, porque hay parejas en que se llega a un nivel estable de sufrimiento y no se avanza ni se retrocede.
La gran pregunta es: ¿estás dispuesto a vivir al 41%? ¿se te olvidó lo pleno que es vivir a 100% o a 90%? ¿quieres un 41% para tu vida?
Dedicado a varios amigos y amigas, y a quien lo necesite...
Un abrazo...




