
Chismeaba yo que el ser humano toma sus decisiones -incluso las emocionales- tratando de maximizar la utilidad de su renta, esto es, en Español, ¡tratando de hacerlo bien, chico!.
Por ejemplo, si puedo escoger entre tener un pedazo de torta por US$ 1 o dos pedazos de la misma torta por los US$ 1, ¡pues pido los dos! y luego veo si me los como o vendo uno o regalo uno o me lo pongo en la cabeza, etc.
Sin embargo, la mayor crítica a la Teoría del Consumidor es que no siempre se toman decisiones 100% racionales, y esto no se ha podido medir muy bien. Una excelentísima aproximación al comportamiento irracional -incluso de los animales- es la Teoría del Handycap de Amotz Zahavi. No quiero chismearles más sobre esto, porque en el blog de mi amigo Luis, está "La Cola del Pavo Real" que lo explica soberbiamente bien ¡Me quito el sombrero Luis!.
¡No dejen de leerlo!.
La paradoja de todo esto es que, también se convierte en una herramienta del perdón, porque asumir y aceptar que tenemos ese componente irracional, inscrito en nuestra evolución con tinta indeleble, es permitirnos cometer errores, no sólo por no haber tenido información completa para tomar la decisión, sino también por ser guiados por nuestra naturalena humana... entonces...
Me equivoqué
a) lo asumo: cierto, ¡metí la pata!
b) me perdono: hay causas que me guiaron a tomar esa decisión.
c) verifico el efecto pareto en mis "errores" (sobre esto escribo próximamente)
d) tomo la moraleja, verifico si lo puedo enmendar, aprendo y sigo avanzando.
¡Ahí se los dejo!.